La homeopatía ha superado muchas fases de rechazo, lo que vivimos ahora lo han experimentado nuestros antepasados en algunos momentos. Hoy quiero traer a esta sección de Historia para reflexionar, un análisis y una propuesta que no están alejadas de la nuestra realidad actual.
En 1921, el Dr. Fernando Hernández Galicia, natural de Valencia y residente en Madrid, publica en la “Revista de Homeopatía Práctica” de la Academia de Barcelona un artículo: “Causas que se oponen al progreso de la Doctrina Homeopática en España, especialmente en Madrid, y medios conducentes a difundirla”.
Entre las diversas causas señala que LA MÁS IMPORTANTE es la falta de cultura en los enfermos sobre lo que es la homeopatía y la falta de enseñanza en los centros oficiales a los médicos.
Cuenta que siendo estudiante había oído hablar tan mal de la homeopatía que la rechazaba sin criterio alguno.
Trabajaba en Valencia como alopatía y un día se encontró con una enferma asmática grave para la que no encontraba remedio alguno. La paciente un día le dijo que iba a visitar a un homeópata para probar con esta medicina. El Dr. Hernández fue testigo de la curación de esta enferma y sintió curiosidad por conocer esta medicina que tanto había rechazado en sus primeros años. Terminó trasladándose a Madrid y obtuvo el título de médico homeópata.
Al final de su artículo el Dr. Hernández propone dar instrucciones a los pacientes sobre la homeopatía en la primera consulta, incluso, darles un escrito que explique bien lo fundamental de esta medicina.
Y cierra su escrito con estas palabras: “Terminaré recordando que, en mi sentir, la falta de enseñanza en los centros sanitarios es la causa fundamental del estado anémico de esta medicina por el desconocimiento de sus fundamentos y resultados clínicos…La enseñanza de nuestra doctrina es la base de su prosperidad”

Pongamos nuestra energía en crear una herramienta sólida para la formación de los profesionales y también ocupémonos de dar información de nuestros resultados. El que tenga oídos para oír que oiga y el que es sordo va seguir siéndolo…salvo que decida libremente dejar de serlo.

Autora: Dra. Inmaculada González-Carbajal García.

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