El pasado 30 de julio falleció en la ciudad de Buenos Aires el Dr. Ernesto José Giampietro, uno de los homeópatas argentinos más destacados de las últimas décadas. Con más de cincuenta años de experiencia, era uno de los referentes más importantes de la homeopatía unicista, un estudioso del método homeopático y quien más ha contribuido a la aplicación clínica de las últimas propuestas de Hahnemann.

El Dr. Giampietro fue miembro cofundador de la EMHA, de la que fue profesor titular y director de la cátedra de Clínica Médica Dinámica Miasmática. Autor del libro Doctrina y clínica avanzada en homeopatía y de numerosos artículos y comunicaciones en diversos congresos. Fue un excelente clínico, un gran homeópata y un ejemplo de tenacidad en la búsqueda de la mejor aplicación del método homeopático, sin perderse en el proceloso mundo de las especulaciones.

Lo conocí como profesor de la Escuela Tomás Pablo Paschero durante el curso intensivo de un año para extranjeros. De mis primeros encuentros con él, lo primero que me llamó la atención fue su honradez y generosidad al transmitir sus conocimientos. Frente a profesores que sólo mostraban historias clínicas de éxito, Giampietro no tenía inconveniente en compartir sus fracasos, haciendo hincapié en lo que había aprendido de sus errores para evitarnos transitar por ellos. Fue esta actitud humilde lo que me encandiló desde el principio, unida a su pericia para curar a enfermos realmente graves y a su maestría para aplicar el método homeopático con gran precisión. Los alumnos sabíamos cuándo empezaban sus clases prácticas, pero nunca sabíamos cuándo podían terminar. Convertía la historia clínica en un arte que le permitía extraer toda la información del paciente, y lo hacía de manera suave y con el tono de humor tan propio de él que estimulaba la distensión y provocaba en el enfermo la confianza necesaria para hablarle de todos sus problemas.

Consciente de todo lo que podía ofrecer el Dr. Giampietro, en la fiesta de graduación del curso y a pocos días de volver a España, me acerqué a él para preguntarle si estaba dispuesto a venir a Asturias para dar un curso. Recuerdo que me dijo que sí, pero yo percibí cierta desconfianza en su mirada porque no era uno de los homeópatas que nadie reclamara en Europa en aquellos momentos. Yo le dije que volvería en unos meses para seguir hablando de ello y así fue, seis meses más tarde regresé para organizar un curso en Oviedo de una semana. Le sorprendió mi insistencia y me propuso que prefería compartirlo con el Dr. Shuji Murata. Efectivamente, ambos vinieron por primera vez en el año 1988 y nos impartieron sus clases magistrales exponiendo con claridad, las bases teóricas y la aplicación práctica del método homeopático dejando a un lado las especulaciones y otras vías espurias. Ambos habían hecho un estudio exhaustivo de las fuentes fundamentales de la homeopatía: el Órganon, Enfermedades Crónicas y Materia Médica de Hahnemann. Para el Dr. Giampietro fue el primer curso de una larga serie que se extendió por más de veinte años. La última vez que vino a Asturias fue para participar en el congreso nacional que se celebró en el año 2012.

En los tiempos en los que algunos homeópatas proponían caminos más cortos y más atractivos para la difícil tarea de llegar a la elección acertada del medicamento, el Dr. Giampietro persistía en su objetivo de aplicar el método según las directrices señaladas por Hahnemann y, quienes fuimos capaces de ver que esta terapéutica no se aprende con simplificaciones y mucho menos con especulaciones, nos mantuvimos firmes en esa búsqueda de conocer el método y su técnica para poder llegar al arte que sólo se alcanza con los años. No era fácil mantenerse fiel a una propuesta que exigía mucho estudio y una buena dosis de paciencia.

Tuve la suerte de ser su alumna, no sólo en la EMHA sino a lo largo de todos los años que vino a Asturias y sus enseñanzas me proporcionaron las herramientas esenciales para practicar esta terapéutica con rigor y sentido; pero, sobre todo, tuve el gran regalo de su amistad, que me deja incontables momentos de risas compartidas, de charlas sobre temas diversos compartiendo un buen vino, de viajes por España y de una complicidad que nos permitía entendernos con pocas palabras.

La homeopatía ha perdido a uno de sus grandes médicos, un fiel seguidor del camino marcado por Hahnemann y quien mejor desarrolló la aplicación de las potencias LM, la última aportación del creador de esta terapéutica y quizás una de las más valiosas. La familia y amigos hemos perdido a un ser especial, una persona esencialmente buena, generosa y humilde con un gran sentido del humor que impregna nuestros recuerdos de su alegría y nos despierta al evocarlo, una gran sonrisa. Tal como dice el poeta David Harkins:
Puedes llorar porque se ha ido, o puedes
Sonreír porque ha vivido

Inmaculada González-Carbajal García
Presidenta de la Academia de Homeopatía de Asturias.

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